Sobre Hungría La puerta de entrada de Hungría es, para la mayoría de los visitantes, su capital, Budapest, una de las ciudades más bellas de Europa, cuyo centro histórico junto al Danubio, fue declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. Suele decirse que el Danubio, el gran río que atraviesa Europa, divide Budapest en dos partes que son las que dan nombre a la ciudad: Buda y Pest. La superficie de Budapest es de 525 kilómetros cuadrados. El Danubio --el mayor río de Europa después del Volga-- atraviesa la ciudad de norte a sur, separando la llanura de las colinas, Pest y Buda. Dos tercios de la ciudad ocupan la orilla izquierda del río, la zona más moderna, Pest; y el tercio restante correponde a la antigua y senorial Buda, en la orilla derecha. Budapest tiene dos millones de habitantes, la quinta parte del total del país que son 10 millones. Desde el punto de vista administrativo, la ciudad se divide en 23 distritos, que se indican en números romanos y con un nombre, junto con las direcciones. Las principales vías de circulación son las rondas o bulevares. de las que parten las principales calles de forma radial. La capital de Hungría produce más de un tercio del producto nacional bruto húngaro y resulta muy atractiva para los inversores ya que aquí se concentra la mitad de las inversiones de todo el país. Pese a ello, Budapest no es un desagradable centro industrial ni una impersonal ciudad comercial. Es el corazón de la historia, el arte, las iniciativas y la creatividad. Los que conocen bien Budapest advierten a los visitantes que la mejor forma de apreciar su dimensión y belleza, es admirar Pest desde las colinas de Buda y contemplar Buda a la sombra del gigantesco Parlamento de Pest. De esta forma se tiene una idea muy completa de su tamano, se valoran mejor las proporciones y resulta muy fácil localizar los edificios que se quieren visitar. Todo es posible gracias a la perspectiva que el Danubio proporciona. El río, en efecto, adquiere en este tramo un significado muy especial y da una nueva dimensión a la ciudad. La belleza de los edificios reflejados en sus aguas forma, sobre todo al atardecer, un espectáculo difícil de describir. Por la noche, cuando las siluetas se desvanecen, los puentes y monumentos iluminados adquieren un aspecto mágico. Todo el esplendor de épocas pasadas, cuando la ciudad era el centro del gran Imperio Austro-Húngaro, parece volver a resurgir. En lo alto de la colina se erige el antiguo palacio real y la ciudad civil medieval de Buda, agradable y acogedora como una pequena aldea. Enfrente, en la llanura, se extiende Pest, la ciudad de la libertad y la vitalidad, con sus oficinas, casas suntuosas y locales mundanos. Pest es el presente, aquí es donde uno intenta realizar sus suenos y triunfar. Se encuentran en esta parte de la ciudad la mayoría de los teatros, cines y clubs, muchos restaurantes, cafeterías y tiendas deslumbrantes. Una buena forma de comenzar la visita de la ciudad es subiendo a lo alto de la Colina Gellért, a cuyos pies está el célebre balneario del mismo nombre, donde se encuentra la Ciudadela. Desde el borde de las murallas y en varios miradores se consigue una espectacular perspectiva de Buda y Pest abrazadas por el Danubio. Quienes hagan el recorrido por su cuenta a pie, pueden iniciarlo tomando el funicular que parte de la Plaza de Adam Clark, donde está el Kilómetro O junto al Puente de las Cadenas y sube hasta el Palacio Real. También es éste un buen lugar para apreciar la singular panorámica de Budapest y vivir el ambiente del verdadero corazón de Buda. Aquí, los viejos edificios, testigos de un pasado glorioso, se muestran en todo su esplendor. Algunos de ellos han sido escenario de sucesos históricos que conmovieron a Europa. Es el caso, por ejemplo, de la Iglesia de Matías, donde los ciudadanos de Buda excomulgaron al papa Bonifacio VIII en el ano 1302. También aquí fueron coronados muchos de los reyes húngaros, después de hacerlo en la antigua ciudad real de Székesfehérvár, y los últimos gobernantes de la dinastía de los Habsburgo, el emperador Francisco José y su esposa Isabel (Sissi) --que tuvieron que esperar casi veinte anos, hasta el Compromiso de 1867-- y Carlos IV. En la coronación de Francisco José y Sissi, el húngaro Franz Liszt estrenó aquí su Misa de la Coronación, aunque él mismo no pudo dirigirla porque llegó a la iglesia sin invitación. La iglesia de Matías --que no lleva el nombre de un santo, sino un gobernante: el rey Matías Corvino, que se desposó en esta iglesia dos veces (la iglesia en realidad se llama de Nuestra Senora)-- es el corazón del Barrio del Castillo, y éste el centro de Buda. Es uno de los lugares más románticos y bellos de Budapest. Casi cerrado al tráfico, es un sitio perfecto para pasear contemplando sus bellas muestras de arquitectura y arte o para hacer un alto en alguno de sus buenos restaurantes y agradables terrazas. Cerca del Palacio se encuentra la Plaza Dísz, antigua plaza del mercado y en cuyos extremos aún se observan los restos de las antiguas puertas de la ciudad. Las sinuosas callejuelas y los estrechos edificios que abundan en todo el barrio son vestigios de la Edad Media. Los elegantes palacios barrocos y rococó proceden de la época posterior a los turcos. Puntos claves del recorrido por el Barrio del Castillo son la Plaza de la Santísima Trinidad, frente a la entrada principal de la Iglesia Matías, el Bastión de los Pescadores, que lleva ese nombre porque inicialmente fue construido por pescadores y desde donde se ofrecen las mejores vistas de Pest y el Danubio, la Iglesia de María Magdalena, el Museo de Historia Militar y, naturalmente, el Palacio Real, que hoy alberga numerosos museos, como el Museo de Historia de Budapest y la Galería Nacional Húngara. En uno de los patios del Castillo se encuentra la bella Fuente de Matías, que representa una alegoría de la caza. Según la tradición, quien arroje una moneda en sus aguas tiene garantizado regresar a Budapest. Las pintorescas callejuelas que forman el barrio del Castillo, están edificadas sobre cimientos medievales y todavía conservan algunos restos de la época. Puede visitarse una de esas casas medievales en la actual Casa de los Vinos Húngaros (I, Szentháromság tér 6), donde pagando una módica entrada, pueden degustarse hasta 70 deliciosos vinos del país y conocer sus orígenes y métodos de elaboración. La visita a Pest puede comenzarse en el mismo lugar que se inició la de Buda, en el Puente de las Cadenas, el primero que unió Buda y Pest en 1849 y el más bello de los nueve que comunican las dos partes de la ciudad. Fue construido por el ingeniero inglés Adam Clark quien, según se dice, se suicidó al terminar la obra y darse cuenta que se había olvidado de la lengua de los leones que custodian la entrada al puente por el lado de Buda. (Sobre estos leones se ha hablado mucho y no se sabe donde acaba el mito y donde empieza la realidad, pero estas historias suelen divertir a los turistas).
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