Postres húngaros.
El primero es la tarta Dobos („tambor, tamborilero”), cuya forma indudablemente evoca la del tambor, no obstante, fue nombrada según su creador, el repostero József Dobos C. Este repostero sorprendió a los golosos con su creación en 1884: Unió las finas capas de bizcocho de la tarta mediante su invento, la crema de mantequilla con vainilla y cacao, y luego cubrió la tarta con una capa de caramelo de color ámbar. La tarta de Dobos fue uno de los dulces preferidos por la reina Sisi. Ella cuidó mucho su figura, pero no podía resistir a esa golosina. La pastelería situada en Pest tenía una importante actividad de exportación. Las tartas de József Dobos C. fueron transportadas a los países vecinos en cajas de madera especialmente hechas para este fin.
Hace casi cien años que apareció el otro postre, la crepe Gundel y emprendió el camino de la gloria. Esta creación del que entonces fue propietario del Restaurante Gundel, quien a la vez era un excelente cocinero y repostero, Károly Gundel, casi siempre figura en la carta de los restaurantes húngaros. Y no precisamente para venerar las tradiciones, sino porque este postre, culminación de los sabrosos almuerzos húngaros, es el favorito de muchos. Al conocer sus componentes, con un poco de imaginación, podrán „probar” el crepes los que hasta ahora no han tenido la oportunidad de intervenir con su tenedor en este fabuloso dulce. La fina tortita frita se rellena con requesón, enriquecido con ron, uvas pasas, cáscara de limón y nuez molida, y se cubre con una salsa de chocolate con vainilla. Si el cliente así lo desea, la crepes Gundel se sirve crepes flameada por lo que se acentúan los sabores con sus efectos espectaculares. El lugar de nacimiento de la crepes Gundel y de tantos otros platos divinos es el Restaurante Gundel que en 2004 cumple 110 años.